Thu, 20 Nov 2008 03:43:00
Ingratitud transformada en hipocresía peledeísta
Por Mayobanex De Jesús Laurens*
*EL AUTOR es diigente del PLD en Barahona.
Querer tapar el sol con un dedo y negar que en el Partido de la Liberación Dominicana se manifiesta un gran disgusto con la alta dirigencia y sus funcionarios, es un acto de hipocresía política.
Las quejas están por doquier. En los comités de bases, en los presidentes de los mismos, en los dirigentes medios, en los miembros del comité central y hasta en la alta dirección del comité político del PLD. Pero noto en los pronunciamientos de quienes se han expresado un sentimiento de disgusto por la frustración que han producido sus destituciones de las carteras que ocupaban, y otros porque no están manejando cosas que en los anteriores gobiernos tenían a sus anchas. De esto solo escapa el tronar del célebre historiador y abogado, que se ha caracterizado por sus fuertes pronunciamientos contra la indisciplina y el desvío de los principios y métodos de la organización creada por el fenecido cuentista, ensayista y político vegano. Pretender acallar las voces que están tronando es ya muy difícil. El PLD es una organización política masificada, abierta al pueblo, y como tal las expresiones son el reflejo de la misma sociedad, que reclama cambios estructurales en todos los órdenes de la vida nacional. En una ocasión, mientras mantenía una polémica abierta con el presidente de la organización oficialista, el recio funcionario de Interior y Policía llegó a expresar: “Dichosa la organización que tenga un solo miembro que disienta de los demás”. Las contradicciones políticas generan desarrollo. Un partido corroborativo es peligroso, pues se convierte en una entidad de inútiles borregos. Ha llegado el tiempo de mirar hacia adentro. Dejar el anquilosamiento y la rutina. Salir en búsqueda de las cosas perdidas que no encontramos por estar recorriendo siempre el mismo camino. El Partido de la Liberación Dominicana necesita renovarse, educarse, tecnificarse, sincerizarse y volver a encontrarnos con las enseñanzas boschistas, mirando hacia el futuro inmediato. Es bueno que la ingratitud haya parido la hipocresía, que degenera ahora en un falso sentimiento hacia las bases que nunca han tenido, pero que empujan con su ironía a que se purgue el estomago de la organización, limpiándolo de las bacterias oportunistas, indiferentes y arrogantes que amenazan con enlodar la gestión de un presidente que ha sido consecuente, prudente y equitativo en el reparto con todos.
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